La mejor cara de la moneda.

Debo creer más en lo que siento más no en lo que veo, por que lo que estoy mirando puede ser  simple ilusión y lo que siento puede ser más real que todo en algún momento. Debo aceptar que por momentos el miedo me invade y detesto no saber que hacer; la vida me ha puesto en tantos lugares que no sé aun cual es el mejor para recordar, he tenido el prestigio y la dicha de enamorarme cientos de veces de la misma persona que por un tiempo fue mía y que por un simple detalle aun me lo reprocho. Mis sentimientos van más allá de lo que alguna vez sentí y debí creer que todo estaría bien y no dudar en lo absoluto para perderle.

El peor castigo que he recibido en mucho tiempo es que después de varios y largos meses el desespero por que vuelva se hace más grande y las ganas de que me bese de nuevo aumentan tanto que ya no distingo la verdad de la mentira; sé que me he refugiado en muchas de ellas y que la confianza por más que lo intente no será la misma, que su empeño por quererme alguna vez se ha perdido bajo la sombra de un tierno amor resplandeciente manchado de pasado y rencores ocultos.

He llegado a pensar que la mayoría de mis trasnochos han sido por aquella persona que en tan pocos meses de conocerle volvió mi vida en el desierto más árido pero con las tormentas de arena más grande, en un laberinto sin salida con flores llenas de espinas, llevándome a sitios a donde jamás creí llegar y casi literalmente sentir que me despego del piso.

Entre metáforas he concluido que mi vida fue pasajera en la suya y que su amor por mí se descendió hasta apagarse y por mucho que a mi me de la intuición de que en algún momento sus deseos por regresar a reparar, no a mi, sino a reparar su corazón que alguna vez yo rompí. Como para darse el chance y dármelo a mi que supiera aprovechar lo que tenía para ofrecerme, pero quizás lo hace para no dar su brazo a torcer, para no desempolvar viejas heridas que no cicatrizan del todo y para no darse el deber de sufrir una agonía día tras día.

Sé que muchas noches lloró por el desamor y la falta de sinceridad de mi parte, y sé que piensa que puedo tratarle como cual juguete en el piso que tiro y recojo y también que con mucho enojo y decepción piensa que sólo pienso en mi cuando se trata de lo que tuvimos, pero la verdad es que cada persona que pasó después de besarle, puedo jurar que nada, absolutamente nada se ha sentido igual a la suave piel tersa de sus labios que viven manchados de rojo carmesí.

“Lo hecho está hecho”, y es verdad, no hay vuelta atrás después que lanzas la moneda al aire esperando la elección decisiva que te traiga lo que esperas, pero así como juegos del azar lo es el amor, das un paso en falso y te puedes arrepentir, así como me arrepiento cada día que siento que hasta volando más arriba; le prometí que iba a dejarlo hasta aquí, que si en algún momento me dejara intentarlo no se iba a defraudar de nuevo y que si no se daba yo iba a continuar y que aceptaría verle feliz como sea, esté o no esté conmigo.

Pero esto me servirá de experiencia, para que en una próxima vez sepa elegir la mejor cara de la moneda.

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