Sin mucho que decir
Creí en los misterios, creí en la vida después de la muerte, creí en los extraterrestres y las cosas más fantásticas creadas en la mente de cientos de escritores... Pero más que nada, creí en ti. Me hiciste ver una verdad a ojos cerrados, a oír a la vida que tanto me golpeaba y a entender que entre los raspones ya no quedarán cicatrices; pero el miedo sigue ahí, miedo que nos consume, te consume. Las decepciones nos convierten en personas distintas y distantes a nuestra autenticidad. Yo comprendo lo que sientes, yo siento lo mismo, me miro en cada retazo de tu piel, en cada respiración o pensamiento que tengas. No tengo necesidad de intentar pensarte porque estás ahí, o de imaginarte porque al cerrar los ojos estás ahí, mirándome como que si supieras la verdad. Y puede que sea cierto pero no quiero aceptarlo, puede que sea cierto eso que dices de que “Sólo estás en mi vida probablemente para enseñarme algo” pero estás tan cerca y tan malditamente lejos. Te siento en cualquier palpitar ...