Mi verdadero Yo.
Creemos desde que somos niños que sabemos quiénes somos, o quiénes nos dicen que debemos ser o como comportarnos.
Nunca o la mayoría de las veces entendemos que solo hay una forma de actuar o de ser, pero todo esto puede ser más complejo de lo que parece y puede mover mucho más que una simple pregunta de que quieres estudiar o que quieres ser cuando seas grande.
Debo admitir que al comienzo no entendía nada de esto porque por lo general tengo todo resuelto o puedo llegar a una solución relativamente rápido... Pero ¿esto? Esto ha sido un viaje de subidas y bajadas y muchas preguntas porque puedo regresar un poco atrás y ver que en esa edad de los 13 años o más no entendía prácticamente nada sobre mí por la mínima señal de gustos "distintos" a los establecidos, ya estaba satanizado y prohibido. Muchos complejos.
Me tomó varios años de terapia, varios encuentros con los vicios, varios desvelos, algunos cuantos corazones rotos y muchas lágrimas para poder entender que quizás esta sensación de no pertenecer era mucho más profunda y arraigada de lo que pensaba; al mirarme al espejo veía a alguien pero a través de mis propios ojos veía un vacío extraño y díficil de explicar o entender.
Recuerdo muchas veces en ese mismo espejo tratar de ver mis heridas o cicatrices emocionales para tener una respuesta y tampoco las hayaba.
Tomé una decisión importante y arriesgada que no todos toman. Pensé en mi primero y mi salud mental. Y es que estamos tan acostumbrados a vivir en un estado de piloto automático, que olvidamos sentir, vivir, llorar, reír y amar. Olvidamos que nuestro corazón existe y que de vez en cuando es buena idea de que tomemos un paseo en el laberinto que tenemos por cabeza para poder entender este desastre por decirlo de alguna forma, que tenemos de vida.
Necesitaba dormir. Ese sueño reparador que no sabía que era desde hace mucho tiempo.
Lloré muchísimo durante este tiempo sin trabajar, sin hacer nada. Sólo aprendí a sentir, amar, reír y conocerme de nuevo.
Y sólo así pudo nacer de mí esa parte que estaba muy dormida... Diego.
¿Cómo explicar que todo este tiempo buscaba algo que calzara, algo que me ayudara a entender que yo no estaba equivocado? Y sí, equivocado.
Pensé que estaba mal por el simple hecho de sentirme diferente y con mucho miedo pero con ganas de ir hacía adelante lo acepté, abrazé a Diego y lo dejé entrar más a mi vida.
Acepté que la presión que yo mismo me ejercía no me ayudaba en nada y hacía de mi vida un estrés interminable, pero también es una decisión el darle rienda a la libertad y al ser uno mismo, honestamente, pienso que el mayor de mis problemas emocionales venían desde esta desesperación por encontrarme hasta que por fin logré hacerlo.
Ahora mis gustos, mis ganas de más tatuajes que reflejen mi historia de adentro hacia afuera y los que ya están, cobran más sentido. Puedo decir que verdaderamente soy feliz, soy quién debería ser y apenas el camino está comenzando, creo que fue lo social que lo hace sentir bien también. Y no puedo dejar de agradecer a todas las personas anteriores a mi que cruzan por el mismo camino, todo lo que han hecho para que yo tenga la libertad de tener mi propia voz y poder decir por mi mismo lo que quiero para mi vida.
Y entre todas estas cosas, espero que la transición en sí pueda ser tranquila y sin mucho desequilibrio porque sé lo que va a pasarle a mi cuerpo y creo que sé cuáles podrían ser mis posibles cambios al empezar el tratamiento.
Me siento pleno, feliz por quién soy y como soy. Nada ni nada va a derrumbar esta felicidad que hoy siento, ni siquiera yo mismo.
Es hora de cerrar el ciclo y empezar uno que sea sano, que sea real y leal a los valores morales que me han inculcado. Es hora de ser mi mejor versión y transicionar a este nuevo aspecto de mi vida.
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