Heridas, Pasado y Pequeñas Cosas

A veces nos olvidamos de las cosas pequeñas y de los cambios pequeños pero drásticos que podemos hacer en la vida de las personas. Aunque no queramos dejar demasiadas marcas o simplemente herir las emociones de otros, siempre sin falta suceden.

Por mucho que tratemos estamos diseñados para herir y herirnos internamente, es como el mal común del ser humano y por la misma razón de esas heridas que a veces causamos (y que nos causan) es que aprendemos a vivir y a sentir como son realmente las cosas en nuestro alrededor.

Incluso los cambios drásticos que nos ocurren nos cambian de alguna forma nuestra actitud, forma de ser y la manera en la que miramos la vida, muchas veces puede ser peor porque si ya tenemos cosas que están encerradas entre nosotros y no han podido salir en el mejor momento o simplemente decidimos que no queremos afrontar con esa situación, la dejamos pasar así como así pueden ocurrir peores tratos hacía nosotros mismos y nuestro entorno.

Pero a veces esa actitud hiriente y algunas veces muy intensa tiene su razón de ser; lo mejor que podemos hacer es afrontar nuestros miedos y erradicarlos con las lágrimas guardadas que no queremos dejar salir...

Por muchos años he dejado guardadas miles de lágrimas creadas por las heridas que se hacen sin ver y sin tantas intenciones de realmente hacerlo, eso para mí puede ser bastante difícil puesto a que siempre he sabido cómo lidiar con los problemas en mi cabeza pero mis emociones y mi alma está tan derrumbada y huracanada que no es tan sencillo sentir todo como lo arreglo en mi mente. Hasta que finalmente pasó lo impensable, rompí mi propio hechizo contra lágrimas y solté muchos años de problemas y desastre emocional.

Las consecuencias de ese acto tan natural de desahogo se convirtieron en ojos hinchados por un par días pero sin secuelas en los días siguientes, ya con el mar de emociones tranquilas todo empieza a verse diferente y se empiezan a dispersar esas preguntas asfixiantes que tanto me ponen a dar vueltas en el mismo lugar.

De alguna forma después de esto entendí que llorar o simplemente esfumarse como ave fénix no nos hace ser débiles ni mucho menos desequilibrados, para mí en este punto eso se convirtió en lo más valiente que se puede hacer para llevar las cosas con mejor naturalidad.

Las heridas después que las aprendes a sanar, sólo se convierten en cicatrices que jamás se borran pero que se superan.


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