La historia de una noche.

Entre lágrimas que por mi rostro que se pasean revivo más de una mentira, un sueño, un amorío o un destino desequilibrado, la vida me ha dado advertencias de lo que vendría pero nadie me dijo que esto sería fácil, nadie me dijo que tengo que tener una armadura de hierro y de plata para mi alma cubrir y así evitar que mi corazón en trizas se quedara. Entre lágrimas hoy me encuentro caminando entre esos presagios del pasado que quieren destruir lo que es mi presente; quizás en la fortaleza de mis miedos se encuentre la manera de dejarlos salir o hacerlos desaparecer, debo admitir que mi cabeza está llena de realidades alternas o miles de cosas sin resolver y quiero que se detenga ya. La agonía cada vez más crece y a veces cuesta comprender el porqué de muchas cosas que ocurren pero sólo hay que esperar que las vías de un tren te lleven por una vida mejor, que el destino que tenga ese tren sea el correcto para mirar la luz al final del túnel.

Me han dicho que la vida tiene varias maneras de caminarla, me han dicho que la tristeza es sólo algo pasajero, que no se queda allí y que se va aliviando con el tiempo, y, que el tiempo es una condición de vida… En el tiempo a pesar de ser interminable puede destruir a más de uno llevando y trayendo el pasado al presente sin preguntar nada.

A veces he llegado a pensar que mi vida es un reloj de arena que nunca le puedes dar vuelta pero que se va llenando lentamente, no sabes cómo, ni sabes cuándo pero granito a granito en ese reloj son esas noches que me aguantaba mis lágrimas, son de esos días que no demostraba mi verdadero yo, son de esos momentos en los que sólo quería dejar de respirar y no saber más nada. Es como una sensación en la que vas cayendo lenta y desesperadamente en un pozo hasta llegar al agua y está puede más que tú, depende de ti escalar para salir o dejar que ella te ahogue, sea lo que sea algo tienes que decidir.

Pero no todo está perdido, hay quienes no tienen temor a verte en tus peores facetas; están de esas personas que no temen rasparse las rodillas contigo si te caes y “quién menos esperas es quién te da todo su apoyo”… Me sorprende que esa frase sea tan cierta, me sorprende que existan personas que puedan soportar todo lo que puedo sentir y que me regresen lo que doy porque hubo algunas personas que conmigo se malacostumbraron a que siempre estoy ahí por si quieren llorar o simplemente hablar, pero cuando realmente yo necesitaba no estaban ahí. No del todo, puesto a que demostraban una cosa pero en realidad hasta su manera de respirar demostraba cuanto desespero les daba hablar conmigo. 

Y con el tiempo es que las cosas van a cambiar a su modo y a su razón de ser; no debería tener miedo por afrontar lo que realmente soy pero es un trabajo arduo mirarte en un espejo donde lo único que ves es a esa verdadera persona que no está en el exterior, esa la que todos ven, esa persona que es más bien es una máscara que una realidad.

Comprendo que muchas de estas cosas por muy pequeñas que sean se van acumulando y que la mejor manera de aliviar este dolor que me quiere desvanecer es llorar para sanar. Lo único que me queda es mantener esa esencia, esa chispa de mi personalidad que a todos cautivan es mantenerme fiel a lo que siempre he sido, por último tan sólo me queda aceptar y continuar… Pero sobre todo, Perdonarme.

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