Eclipse.

Así cómo esté eclipse, así como todos los cambios de la luna, todas te las dedico,  te dedico la luna, por qué es ella quién puede verte cuando yo no puedo, tu puedes verla cuando quieras, pero no me estás viendo a mí.

Por qué cuando nos veamos, quiero ver en tu cara y quiero que veas en la mía todo lo que la luna sabe con nuestras miradas... Por qué suelo mirarla y decirle lo mucho que siento por ti.

Es la única confidente que sabe que es lo que siento, y que me encanta mirarle por qué te imagino mirándola, y es cómo si nos miráramos.

Ella sabe mis secretos y muy posiblemente los tuyos.

Quizás sabe más sobre tus lágrimas que las que yo he oído pero jamás secado, pero no te imaginas cuanto quiero hacerlo, estar ahí cuando estés mal, quizás unos besos arreglarían también el problema.

Quizás de esos besos que haga que la luna se sienta celosa de lo que ve, por qué nos miraba por separado pero en ese momento nos verá siendo sólo uno.

Pero no todo es siempre esperar que estés mal para entregarte a fuego intenso este corazón que se muere por amarte hasta la última partícula, sino que tiene ser cuando también estés bien, sonriente y riendo con esa risa que hace que me pierda.

Cada vez que miro la luna, nos imagino en una pequeña habitación con una gran ventana, arropados hasta el cuello, cuerpos juntos, viendo la luna y el frío que trae con ella, pero que no se siente por qué estamos juntos.


Cada vez que veo a la luna te imagino a mi lado, diciendo lo que sientes justo al lado de mi oído, y después de un tierno beso en mi imaginación... Salgo de ella y caigo en la realidad.




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